La verdad sobre Jesucristo y su deidad

Sin lugar a duda Jesucristo ha sido el personaje más trascendental y significativo de la historia, su influencia y obra ha marcado para siempre la humanidad, su vida a influenciado y marcado las vidas de las personas desde su nacimiento. Su vida y obra además, sentaron las bases del cristianismo, el cual, había sido una promesa definida desde antes de la creación del hombre. Sn embargo, a pesar de su vida perfecta y su obra redentora, ha recibido una gran cantidad de ataques y críticas, por opositores que no aceptan completamente su obra y divinidad. Estos pensamientos han ido en aumento a lo largo de la historia hasta nuestra era.

Dentro de los primeros opositores a Cristo y su obra se resaltan los fariseos, aquellos que, a pesar de esperar por promesa de Dios al Mesías, se resistían a su mensaje ya que habían cambiado la ley de Dios por imponer sus propias ideas (Mt. 15:8-9), luego están las distorsiones de aquellos que se consideraban teístas, como ocurrió con Manes en el siglo II, conocidos como Maniqueos, para ellos, Dios le había dado alma a Jesús, pero su cuerpo era de satán y él había venido a salvar su alma al igual que otros hombres en la historia. (ver, Confesiones de San Agustín), El sabelianismo “modismo”, creía en Cristo solo como Dios sin ningún aspecto de humanidad[1] El apolinarismo señalo que Cristo tenía una mente divina y un cuerpo carnal, no podía haber divinidad en su ser como hombre, El Nestorianismo, veía en Cristo dos personas distintas, una divina y otra humana, señalando además que, no era hijo de Dios. Existen declaraciones más heréticas como, mormones quienes, Jesús es un espíritu que alcanzo divinidad como puede hacerlo cualquier otro, como sucedió con su fundador. Los testigos de Jehová, Ven a Cristo como un buen hombre que no pudo ser igual a Dios, sino que fue creado posterior mente y posee menor autoridad. Otros como Emmanuel Kant, que veían a Cristo desde una óptica meramente alegórica, Baruc Spinoza sostuvo lo mismo agregando que la historia lo mistifico, R. Bultman, Sam Harris, Etc.

Jesús de Nazaret ha recibido menos críticas que las que atentan contra Dios, debido a su desarrollo en la historia y lo que ha significado para la misma. Muchos auto proclamados ateos han intentado desmentir su vida e historia para en centrarse con un muro impenetrable de acontecimientos, otros por la misericordia de Dios han llegado a conocerle aceptando su obra por la fe, tal es el caso de Lee Strogel, quien termina escribiendo el caso de Cristo compartiendo sus hallazgos con otros.

Las declaraciones sobre la naturaleza de Jesús en la Palabra de Dios, que, según (Jn. 1:1,14) la Palabra se encarnó en la persona de Jesucristo, lo cual, habla de la unión entre el Padre y El Hijo lo que, además, es explicado en pasajes como (Jn. 10:30, 14:9) y bajo el termino teológico de “Unión hipostática”. Creo que, en esta unión, por las declaraciones Bíblicas como resalta Juan, la realidad sobre la semejanza entre El Padre y el Hijo. Compartiendo así Cristo, una naturaleza humana y al mismo tiempo divina, las cuales se mantuvieron operando juntas desde su encarnación (Jn. 1:14) de manera indivisible. Esto lo hace completamente Dios, y completamente hombre (Mt. 1:23). El catecismo menor P. 22, Cristo se hizo hombre tomando un cuerpo real y un alma razonable (Por las herejías del siglo V de apolinar, quien decía que no tenía una mente). Siendo concebido del vientre de María. El Es Dios y el verbo hecho carne. Anteriormente se aceptaba su deidad no su humanidad, Hoy por la carga de precedentes históricos se acepta su humanidad, pero se rechaza su deidad. Pero como vemos en He. 2, El participo de la carne y la sangre y hemos de aceptarlo como nuestro representante. Él fue concebido por El Espíritu Santo (Mt. 1:18-23), Esto no representa el inicio de Cristo, porque Él es eterno (Jn. 1:14, 18), pero si su humanidad y propósitos en la tierra.  

Creo que El, es eterno juntamente con El Padre (Sal. 90:2, Miq. 5:1-2, Ap. 1:8), sin embargo, Por voluntad propia tomo forma de hombre sujetándose a las leyes que rigen la vida humana que había establecido (Fil. 2:5-8), los rasgos de su humanidad en la tierra son visibles por su desarrollo biológico, espiritual y moral (Lc. 2:39-52), como por las actividades humanas que le vemos experimentar a lo largo de su ministerio Ej. comer (Mr. 14:18). Además, vemos que Dios mismo hace sobre El cómo su hijo (Mt. 3:16-17), y la entrega de su vida en la cruz para volver al hombre a Dios hablan de su humanidad (Jn. 10:17, 14:6). Al arrianismo creía que no había nada de divino en Cristo y no era Dios como declaro

Esto claro, no significa que poseyera una naturaleza pecaminosa como la que nos caracteriza desde nuestro nacimiento (Sal. 51:5, Ro. 5:12), porque en su eternidad mantiene su perfección. Aunque El Se hizo hombre nunca dejó de ser, lo que siempre ha sido por la eternidad, además vemos las declaraciones de su perfección en las escrituras (He. 4:15, 2 Co. 5:21), haciendo que su sacrificio sea único y aceptado por Dios (He. 7:22-27). Igualmente conocemos acerca de su divinidad, “sin tener que separar ambas naturalezas” por las obras que realizo en su ministerio y los atributos que comparte exclusivamente con El Padre, como: Omnipresencia (Jn. 1:48, Mt. 28:20), Omnisciencia (Jn. 21:17), poder para perdonar pecados (Mr. 2:1-7), las declaraciones propias que hizo al enseñar y obrar en nombre de Dios como su Padre (Jn. 5:18). Tenemos, además, las declaraciones cristológicas en el N. T. donde es presentado como: Santo (Lc. 1:35), Inmutable (He. 13:8), Eterno (Jn. 17:5), Un ser único e integrado en Dios igual a Dios (Col. 2:9, Jn. 28:20).

La persona eterna de Jesús

Las Escrituras son claras a que hay un único e incomparable Dios (Dt. 6:4). Manifestado en tres Personas unidas en un solo ser (Jn. 10:30 y 33) explican que el Padre y el Hijo de Dios son uno. (1 Co. 3:16) muestra que el Padre y el Espíritu son uno, (reiterado en 1 Jn. 5:7). Al leer (Ro. 8:9) queda claro que el Hijo de Dios y el Espíritu son uno. Y Jn. 14:16, 18, y 23 demuestran que el Padre, el Hijo, y Espíritu son uno. Por declaraciones como estas y (Mt. 28:19- 20, 2 Co. 13:14) creo que Jesús es la segunda persona de la divinidad, Engendrado en la eternidad (Hch. 13:33; He. 5:5) quién es claramente consubstancial con Dios Padre. No creo que haya un momento donde el hijo no hubiera existido puesto que claramente así se nos presenta en las escrituras (Jn. 1:1, He. 1:8), así como podemos engendrar otros seres humanos a nuestra semejanza pecadora y finita, así el Padre puede engendrar eternamente según su propia esencia (Jn. 1:1-3). Engendrar no debe ser visto como comienzo sino como declaración de la unidad y esencia que conforman el ser de Dios. Dudar del nacimiento es como dudar de la creación, porque Él se presenta como omnipotente. Así como El Espíritu se movía y creaba algo bueno la vida (Gn. 1:1-3, 31), ahora opera de la misma manera y crea algo santo (Mt. 1:23) dando lugar a una nueva y mejorada creación. Cuando alguien niega esta realidad y su naturaleza humana tiene el espíritu del anticristo (1 Jn. 4:18-19), Si Jesús no se hubiera hecho hombre nosotros no pudiéramos ser salvos (Ro. 8:3, 1 P. 4:1; He. 2).

Creo que Jesús como segunda persona de la Trinidad, quien se subordinó temporalmente al encarnarse, obedeciendo así la voluntad del Padre para traer a los pecadores a la comunión con El (Fil. 2:5-9), Esto no significa por supuesto que sea menor al Padre, porque existe una clara unicidad en el ser de Dios, aunque claramente esa unicidad no le impide realizar obras distintivas a Dios en la plenitud de su ser, por ejemplo su voluntad particular, El Padre (Jn. 6:38), El hijo (Lc. 22:42), El Espíritu Santo (1 Co. 2:11). Estas declaraciones Bíblicas intentaron ser eclipsadas en el siglo IV por Arrio presbítero de Alejandría quien encontró refugio en Eusebio de Nicomedia para su postulado, decretando al hijo como creado y subordinado en una jerarquía que limitaba el carácter de su divinidad ósea, “no igual a Dios”. Pero fueron confrontadas por los primeros padres de la iglesia en el concilio de Nicea precedido por Constantino (325 D.C.) y reafirmadas en el concilio de Constantinopla (381 D. C.) donde fue definida como herejía, por contradecir la Palabra de Dios y su carácter.

La cristología aplicada en las obras de Jesús

Cuando se habla de la encarnación en las escrituras, vemos que Jesús fue concebido por la obra del El Espíritu Santo en la virgen maría (Mt. 1:18-23), señalando así tipológicamente Mateo el nacimiento que hace referencia a la profecía de (Is. 7:14). Esto como se ha señalado anteriormente, no representa el inicio de Cristo puesto que es eterno más bien nos manifiesta la gloria y promesas del Padre. (Jn. 1:14, 18), el autor a los hebreos señala que fue hecho menor que los ángeles (He. 2:9ª), Lo cual sabemos fue el resultado de su humillación (Fil. 2:5-8). Esta encarnación representa la promesa de redención que se había hecho desde la caída del hombre y a través de la historia (Gn. 3:15, 12, 22), cumpliendo además todas las referencias proféticas que apuntaban a su manifestación como el mismo señalo (Lc. 22:37), podemos identificar toda la divinidad actuando en la encarnación por el relato de (Mt. 1:18-23) vemos al Espíritu y al hijo y el Padre la determinación del tiempo para su manifestación (Ga. 4:4) Creo que, cualquier que niega esta realidad y su naturaleza humana tiene el espíritu del anticristo (1 Jn. 4:18-19), En esta encarnación Jesús compartió toda la realidad del ser humano excepto la condición de pecado (He. 4:15), logrando así, asumir en nuestra semejanza la maldición del pecado que nos era contraria y clavándola en la cruz (Col. 2:14).

La fe en este aspecto es tan importante como la fe necesaria para creer la obra de la creación (He. 11:3, 6). El Sufrimiento Desde el mismo momento de la presentación de Dios para el redentor, había señalado que este sería herido (Gn. 3:15), Los profetas presentaron diferentes imágenes sobre este sufrimiento tal como señalo Pedro (Hch. 3:18), es claro que (Sal. 22, Is. 53) representan claramente la realidad de este sufrimiento. El Jesús encarnado cumple con todas las referencias proféticas que apuntaban tanto a su manifestación como el martirio a tal punto de ser desfigurado (Is. 52:14), la presión de su sufrimiento incluía dolor emocional, físico e incluso espiritual siendo el cáliz de su pasión la separación que experimentaría entre Él y El Padre (Mt. 27:46), esto como señala John Stott no es Cristo huyendo al sufrimiento, sino sentir la carga de todos nuestros pecados y la separación momentánea entre Él y El Padre[2], todo su dolor fue real y extremadamente agonizante, lo sabemos por el sudor en su frente antes del martirio (Lc. 22:44), el maltrato ilegal por parte de los enjuiciadores (Mt. 26:63-68), los latigazos en su espalda y el escarnio por parte de los soldados romanos bajo el liderazgo de Pilato (Mt. 27:27-31), y lo vemos por los clavos en sus manos (Mt. 27:35). Antes de la crucifixión ya había sufrido física y moralmente, y así fue hasta su muerte (Jn. 19:30), alcanzando la desfiguración (Is. 52:14; 53:2), por amor a nosotros los pecadores.

La Expiación fue el sacrificio y muerte de Jesucristo en la cruz, fue realizado por Dios mismo quien entrego al hijo (Jn. 3:16), de esta manera Jesús sometiéndose a una vida obediente y comprometida se hace maldición por nosotros (2 Co. 5:21), presentando ante Dios su propia vida sin pecado en sacrifico para expiar “pagar la deuda de pecado que nos era contraria” (Col. 2:14) por estar enemistados de Dios por nuestra vida de pecado (Is. 59:2, Jn. 9:31, Ro. 3:23), así su expiación es la obra de Cristo durante su vida culminando en la cruz para ganar nuestra salvación. Su muerte, a pesar de ser orquestada por Dios, fue realizada por nuestra culpa (Is. 53:5, He. 2:17), en manos de poncio Pilato cuando Augusto Tiberios Cesar, fungía como emperador romano (Lc. 2:1, Hch, 25:25), Por Cristo, como El Mesías prometido (Lc. 24:44-49) nuestros pecados son pegados y Cristo asume la ira de Dios en la cruz (Ro. 3:24-25), de esta manera a diferencia de los sacrificios con animales que solo cubrían el pecado, creo que Dios acepto la ofrenda de Cristo y perdona completamente los pecados de quienes le reciben con fe (He. 9:23-26, Ef. 2:8-9)

Luego de padecer y morir según el decreto de Poncio Pilato, fue sepultado, pero resucito al tercer día conforme a las escrituras (1 Co. 5:2-4), tal como había dicho que sucedería (Jn. 2:19), Asi, Jesús fue levantado de entre los muertos por el poder de Dios (Hch. 10:10), y Sabemos por una alta cantidad de testigos oculares que la tumba quedo vacía y fue vista, tanto por sus discípulos, como por los enemigos de la cruz, quienes intentaron socavar inmediatamente la realidad de la resurrección (Mt. 28:13-15) Jesús luego de su resurrección hizo actos de presencia varias veces siendo visto por más de 500 personas (1 Co. 15:5-8), en 40 días (Hch. 1:3) convirtiéndose así en la primicia de entre los muertos con la dignidad necesaria para salvar (1 Co. 15:20). Este cuerpo resucitado y glorificado pudo mostrar a los discípulos las heridas y comer con ellos (Hch. 10:41). Convirtiéndose este acontecimiento en el más trascendental para dividir la historia humana.

Habiendo resucitado y afirmado la fe de los discípulos compartiendo con ellos, luego ascendió al cielo (Hch. 1:9-11) para tomar su lugar eterno a la diestra de Dios como había predicho y pudo comprobar esteban (Mt. 26:64; Hch. 7:55-56), Ahora habiendo conquistado el dominio de las tinieblas en su exaltación ha recibido un nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2:9-11) en el cual podemos encontrar salvación y vida eterna, creo además que ahora en los cielos ha ido a preparar morada para nosotros como había prometido antes en su ministerio (Jn. 14:1-4), ahora vemos que ha confirmado su poder y señorío confirmando las promesas y profecías dadas a los Israelitas. La Segunda Venida Creo que Cristo volverá por segunda vez desde el tercer cielo donde está su trono (2 Co. 2:12) ya no como siervo sino como redentor a buscar a sus hijos como prometió (Jn. 14:3) y como certifican los ángeles (Hch. 1:11). Lo cual es una confirmación a los discípulos de que volverían a ver su salvador y vivir eternamente con El (1 Tes. 4:17c). Un día que, nadie sabe cuándo será sino solo el Padre (Mt. 24:36), los muertos en la fe se levantarán y luego los que estén en vida serán levantados en las nubes con Él (Lc. 21:27; 1 Tes. 4:16-17), Este evento del cual no sabemos con seguridad, pero no está retrasado como algunos piensan, sino que se ha retenido por la misericordia del Señor para con los escogidos (2 P. 3:8-9). Luego de la manifestación de la promesa viviremos eternamente en la santa ciudad con Dios en una nueva creación (Ap. 21-22) donde tendremos cuerpos eternos consolados por la deidad de Dios.

Mas allá de la percepción de los hombres, quienes pretenciosamente quieren eludir la realidad del juicio al que se deben enfrentar luego de partir de esta vida (He. 9:27), queriendo replantear las declaraciones de Dios, yendo contra de la voluntad de Dios, hemos de saber que Dios habrá de pedir cuentas tanto de la manera como el hombre elija vivir, como por la respuesta que haya dado a Cristo (Ap. 20:14-15), y este hecho no será eludido ni por la más alta erudición que pierde su sentido ante la grandeza y conocimiento de Dios (Ro. 1:21-23), tu pensamiento de Cristo afectara drásticamente tu vida y la eternidad de tu alma (Mt. 25:41, Jn. 3:16-21; Ap. 21:7-8)

Libros de consulta para ampliación del estudio: Luis Berkhoff “Teología Sistemáticapp. 361-488. Wayne Grudem “Teología Sistemáticapp. 928-1,111. James Leo Garret “Teología Sistemática: Bíblica, histórica y evangélica Tomo IIVol. 2 Page 11-132. John Stott “La Cruz de Cristo


[1] Wayne Grudem, “Teología Sistemática” pp. 424.

[2] John Stott, “La Cruz de Cristo” pp. 87.

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